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Y llegó y se fue la navidad. Esta época tan esperada por muchos, ya sea porque salen de vacaciones, porque hay muchas festividades (el tan mentado maratón Guadalupe – Reyes… pero yo diría que es más largo; el maratón Día de Muertos – Candelaria, jeje) en fin.
El chiste es que la gran mayoría de los mortales utiliza de pretexto esta fecha para sentirse bondadosos, amorosos, caritativos y, aunque no tengan en qué caerse muertos, sacan dinero de las piedras y ¡a regalar se ha dicho!
Pero, ¿Por qué acostumbramos dar regalos en navidad? Por más que le doy vueltas al asunto no encuentro la respuesta. Tal vez sea la necesidad de sentirnos queridos lo que nos impulsa a buscar un regalo para alguien cercano. ¿Por qué digo esto? Porque, platicando con distintas personas, he descubierto que, cuando nos regalan algo en una fecha especial, en nuestro subconsciente nos entra una rosquillita que nos obliga a corresponder a ese regalo de alguna forma. En una ocasión a una amiga mía le regalaron una bolsa de mano el día de su cumpleaños, ella la recibió con gusto pero, días después, me comentó que se había sentido mal con la chava que se la regaló, porque días antes mi amiga no le dio nada en su cumpleaños.
¿Acaso regalamos cosas para que en el futuro se acuerden de nosotros cuando seamos los festejados? ¿Por qué siempre damos algo material? ¿Alguien ha regalado, deliberadamente, un abrazo, una sonrisa, una conversación agradable, su compañía, su amor a sus seres queridos? ¿Por qué nos sentimos mal si no regalamos nada?
Se supone que la Navidad es la época del amor, de la hermandad… ok, ok, no los voy a marear con ese choro, pero la verdad es que hemos olvidado a quién festejamos. Y es que en la Navidad se festeja el nacimiento de Jesucristo, ¡es su cumpleaños, es su fiesta, no es la nuestra!… ¿y entonces por qué nos festejamos nosotros? ¿Por qué nos damos lujos y nos vamos de vacaciones en estas fechas si el festejado es Él?… se supone, ¿o no?
Si tú, amable lector de este blog, dices creer en Dios y festejaste la Navidad, déjame hacerte una pregunta: ¿Qué le regalaste a Dios en su cumpleaños?
Si no encontraste respuesta a mi cuestionamiento no te preocupes, estoy seguro que no fuiste el único.
¿Han visto la película, o leído el libro, “El cuarto Rey Mago”? Seguramente la pasarán en la tele en estos días por si no la han visto. La historia trata acerca de cuatro astrónomos que salen de su país en Medio Oriente y siguen una estrella en dirección de Israel, lugar donde, según las escrituras, nacerá un importante Rey. En el camino uno de los cuatro viajeros se pierde y sin querer se aleja de los otros tres, y desde entonces el objetivo principal de su vida es encontrar a ese Rey y entregarle lo que le llevaba de regalo. Así pasan muchos años en los que este hombre trata de hallar al Mesías, pero diversos motivos se lo impiden. Después de tanto penar, su larga búsqueda termina cuando encuentra a Jesús muriendo en la cruz.
El hombre está desconsolado porque no pudo encontrar al Rey con vida y porque no le entregó sus regalos. Y es ahí cuando el espíritu de Jesús se le aparece y le explica lo que, para todos nosotros, debería significar la navidad. Lo que Él quiere como regalo.
Seguir contándoles la película provocaría que pierdan el interés en ella, así que les recomiendo que mejor la vean. Si no la pasan en la tele seguramente la encontrarán en cualquier videoclub o Blockbuster.
Esa película la vi cuando era niño y desde entonces sé que la navidad no significa regalar y consumir. Aún así días después de navidad hubo personas que me han preguntado “¡¿Qué regalaste?! ¡¿Qué te regalaron?! Yo sólo sonrío y pienso; Ja, Qué Caray!
Escucha Sobrexpuesto Podcast Episodio 14; Consume Navidad.
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