EL COSTO DEL SUEÑO AMERICANO (parte 1)

17 01 2008

Por: InFaMe

En diciembre pasado, mientras transcurrían las fiestas navideñas, tuve la oportunidad de escuchar esta historia. Lleno de sentimiento y asombro la cuento por este medio. El personaje principal, conocido por mí desde hace bastante años, recibirá un nuevo nombre aqui, para cubrir su identidad.

Bueno, hablemos de “El Chiva”.

El Chiva nació hace más o menos 22 años, aquí en Méxido D.F., cuando lo hizo, murió su madre y quedó, igual que sus dos hermanos mayores, una mujer y el otro varoncito, al cuidado de su papá y sus abuelos. Cuando cumplió los 2 años se fue a vivir con sus abuelos, ahi aprendió a hacer atole, acompañaba a su abuela a venderlo; y a cuidar marranos, ayudaba a su abuelo a criarlos para despues venderlos al carnicero y, en veces, disfrutarlos en carnitas, vendidas por el vecino.

Bajo el cuidado de sus abuelos hizo la escuela primaria. Cuando estaba a punto de terminarla, su abuela, quién más lo cuidaba murió, por lo que su abuelo decidió que lo mejor era que regresara al lado de su papá y hermanos en su legitima casa, la misma que ahora tambien se compartía con la nueva pareja del padre y sus tres nuevos hijos, es decir, había que ir a vivir entre hermanos, hermanastros y madrastra.

Tal vez las peleas de niños, adolescentes y últimamente jovenes, comunes entre hermanos y hermanastros que comparten una casa, hicieron que, al terminar la preparatoria, El Chiva buscara trabajo lejos de ahí con Don H, uno de sus primos que vendía madera. Con él vivió por espacio de 5 años. Mientras trabajaban juntos acostumbraban ir a un establo cerca de la casa de Don H a comprar leche recién ordeñada de vaca, mezclarla con chocolate y alcohol y jugar dominó por las tardes de los viernes. A veces regresaban borrachos. El Chiva estuvo con “Don H” su primo, mientras éste se casó, tuvo a su primer hija y la bautizó. También mientras su abuelo, el mismo que lo criara años atrás, muriera.

En ocasiones El Chiva acompañaba a Don H al pueblo de donde eran sus abuelos en Colima, ahi llegaban con el papá de Don H, tío de El Chiva y se iban al rodeo a ver los toros, mientras comían garbanzos hervidos con salsa, tomaban cerveza, aplaudian y gritaban leperadas. Iban, casi siempre, a las fiestas patronales del pueblo, en ellas comían enchiladas y por la noche, mientras Don H se quedaba en la plaza del pueblo con su esposa e hija, El Chiva hacía amigos y amigas con quienes iba a los bailes. Casi siempre salía borracho de ellos.

En uno de esos bailes El Chiva conoció a Rosario, una jovencita linda a quien besó e hizo su novia. Esa sería la razón por la que, de ahi en adelante, El Chiva regresaba al pueblo por si sólo, sin acompañar a Don H, y con frecuencia cada vez más notoria.

Aunque, mientras El Chiva estaba en la ciudad de México, también asistía a bailes y se divertía con amigos que hizo mientras vivió con Don H, su mayor ilusión era ahorrar algunos pesos e irse a compartirlos con Rosario.

Nadie, ni Don H, ni sus amigos de la ciudad creían en ese noviazgo, “Amor de lejos es de pendejos” le decían cada que podían. Pero EL Chiva, tenía un convenio con su tío Capacho, padre de Don H, que vivía en el pueblo. Tío Capacho, por las tardes, cuando quisera descansar, tenía que caminar por la plaza, sentarse y fumar un cigarro, platicar con los viejos de por ahi, o lo que a él se le diera la gana, y parar bien la oreja. Cada que supiera algo de Rosario lo apuntaría en su libreta o donde pudiera recordar, para decirle al Chiva cuando éste fuera al pueblo.

Tío Capacho siempre cumplió, y nunca descubrió nada de Rosario que pudiera crear problemas entre la pareja de los, en ese entonces, adolescentes casi adultos.

Cuando El Chiva cumplió veinte años, su padre, quien aunque lejos, no perdia contacto con él, empezo a cuestionarlo sobre su proyecto de vida, le hizo notar que el dinero que le pagaba Don H, era suficiente por un tiempo, pero que tarde o temprano se le volvería insuficiente. Le exigió que pensara en cambiar de aires, en buscar algo diferente, con más ventajas. El Chiva lo intento por muchos lados. Sí hizo caso.

Primero intentó alistarse en el ejercito, pero su pasado hiperactivo, su deficit de atención y su infancia llena de inestabilidad, le hicieron mostrar un perfil psicológico no apto para las filas de los soldados, -Me dijeron que estaba loco, y que no puedo estar marchando entre ellos- se burlaba de si mismo cuando supo el resultado. Intentó iniciar una carrera, pero no tuvo la paciencia para continuarla. Intentó trabajar en fábricas, bodegas y carpinterías pero, aunque su esfuerzo se duplicaba, los resultados económicos eran los mismos prácticamente.

La presión de su padre se hizo más intensa, el equilibrio que llegó a tener El Chiva con su vida se rompió de pronto. Ahora eran más frecuentes sus borracheras, sus peleas en las fiestas, sus pleitos con Rosario y su sensación de desatención por parte de su familia.

En una ocasión el Chiva llegó al pueblo, listo para la fiesta patronal de San Nicolas, patrono de allí, llegó acarrerado a la casa de Tío Capacho donde acostumbraba llegar, se bañó, casi se atragantó a prisa con un huevo con frijoles mientras se echaba gel en el pelo y se ponía la camisa que iba a estrenar esa tarde, estaba nervioso. Primero porque ya era tarde para pasar por Rosario, segundo porque Tío Capacho le iba a prestar ese día la camioneta para no ir a “patin” y tercero porque Tío Capacho quería hablár con él antes de irse.

La sorpresa fue que Tio Capacho, despues de varios años, ahora sí había escuchado rumores desagradables sobre Rosario, rumores que tenía que aclarar El Chiva con ella y que, de ser ciertos, dejarían a Rosario como una mujer infiel.

Desconcertado, El Chiva se fue por Rosario, llegó con ellá, hablaron, ella le confesó que alguien la pretendía y que a ella no le desagradaba, sobre todo porque, el cortejante le proponía cosas serias, entre ellas un casorio, algo que El Chiva siempre evadía.

En esa fiesta estuvieron muy serios, casi no bailaron, él la fue a dejar temprano y regreso pensativo a la fiesta. Esa noche tomó más que nunca, la desesperación parecía haber hecho presa de él. De regreso a su casa, enfurecido y borracho, aceleró de mas y estrelló la camioneta que le prestó Tío Capacho en un vallado. Nada grave, El Chiva salió por su propio pie, espantado si, con uno que otro raspón, pero nada de cuidado. La camioneta, contrariamente, quedó desecha del frente.

Tío Capacho comprendió la situación y no reprendió al Chiva, pero sí le cobró los daños. Obviamente el joven no podía pagarlos, no tenía ahorros y para pagar tenía que hacer algo brillantísimo.

El Chiva regresó a México en cuanto pudo, le pidió dinero a sus familiares y amigos, consiguiendo pagar a medias los daños. Su padre lo regañó como nunca, lo hizo sentir muy mal y le dijo que la única forma de reparar el daño de manera rápida era juntar los 20 mil pesos que tenía para medio pagar el daño , y pagarselos al “Roña”, un pollero que pasaba a los mexicanos hasta Estados Unidos por el desierto y los dejaba en California, según él, sanos y salvos. El Chiva, lo pensó, le pidió a Rosario que lo esperara, le dijo que se iría al Norte por un año y que regresando se casaban, ella aceptó. Juntó algo de ropa y se fue a Sonora en autobus, donde días después se vería con el Roña para cruzar la frontera.

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One response

18 01 2008
Borondongo

Chale, espero que no tardes mucho en poner la otra parte de la historia ya que se lee interesante y bueno por el momento no puedo opinar nada…

Saludos

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