Por: InFaMe
El Chiva llegó a Sonora un domingo por la tarde, como a las cinco, su cita con el Roña era a las ocho de la noche en una dirección a las orillas de la ciudad que todavía tenía que investigar. Primero decidió buscar un lugar para comer, entró a una fonda y comió chicharrón en salsa con frijoles, estaba nervioso, pensativo, tomo agua de papaya y se salió a caminar con pasos lentos y largos, con un palillo en la boca y las manos en las bolsas del pantalón.
Reflexionaba, por ratos, sobre si esa era la última tarde en mucho tiempo que iba a poder caminar con libertad en su país, pero también se asombraba con las comionetas que veía pasar, todas ellas traídas del norte. De alguna manera esas camionetas, el recuerdo de Rosario y el deseo de pagar todas sus deudas le dieron fuerza mental para lo que estaba por vivir.
Cuando fue tiempo buscó la dirección en donde se había quedado de ver con El Roña, entonces lo logró, llegó a una gran casa, parecía abandonada, la calle donde se encontraba estaba sin pavimentar, la construcción estaba en obra negra, se veían los tabiques, no había ventanas y se escuchaban murmullos en el interior.
Buscó al Roña, se saludaron, y pasó al interior de la casa, cuando entró, la boca se le quedó abierta, estaba ante una de las muchas sorpresas que iba a vivir.
La casa tenía una sala enorme en el interior, en ella no había muebles, todo estaba acomodado para recibir el mayor número de personas, y sentarlas en el piso. El Chiva nunca fue bueno para eso de los cálculos, pero dice que en esa casa, esa noche, no había menos de seiscientas personas, entre familias, rancheros, costeños, chilangos, centroamericanos y hasta negros.
El Chiva buscó un lugar donde acomodarse, ya no había mucho, pero encontró y se sentó a ver las caras de los demás. Las personas se volteaban a ver entre ellas, había un ambiente de compañerismo pero de timidez y temor entre los que estaban ahí.
A las nueve de la noche el Roña les gritó que tenían dos horas para salir a la ciudad y comprar viveres para los siguientes tres o cuatro días, les dijo que cada quien llevara lo que pudiera comprar y cargar y con lo que, hasta su destino, pudieran sobrevivir. Sus recomendaciones fueron básicas -Compren sopas maruchan y estufitas de lata, galletas saladas, atunes, un galón de agua, chocolates, dulces y una bolsa grande de plástico para dormir-. También hubo prohibiciones. -No pueden llevar cobijas, comida que se eche a perder ni bultos boluptuosos-.
El Chiva compró sopas maruchan, una estufita de lata, atunes, galletas y el galón de agua. No entendió para que, pero compró la bolsa de plástico y se durmió en un pedazo de suelo, con ello estuvo listo para la salida del día siguiente, la cual por cierto sería a las 5 de la mañana.
Cuando despertó para la salida, ya todos estaban listos, había hermetismo, pero buen ánimo, él lo sintió -dice-.
A la casa llegó un comando de camiones guajoloteros. Dice el Chiva que los guajoloteros de Cd Neza son de lujo comparados con aquellas chatarras oxidadas, con ventanas rotas y asientos de madera incomodísimos. Los camiones fueron llenados de gente a toda su capacidad, el viaje sería durante todo el día, nadie supo a donde, pero así partieron, muchos se fueron parados todo el día, hubo quienes les cedían sus asientos a los parados por un rato, algunos por cortesía y otros porque, en realidad los asientos no permitían, para nada, tener un viaje placentero.
El Chiva se fue sentado, del lado de la ventanilla y junto a un hondureño llamado Carlos. Ambos platicaron durante gran parte del camino, sólo mientras no comieron, cabecearon o durmieron.
Carlos le platicó al Chiva que esa era la tercera vez que intentaba llegar a los Estados Unidos y la primera que llegaba tan lejos, -Ahora sí lo siento cerca- le dijo.
La primera vez que Carlos intento llegar como indocumentado desde Tegucijalpa hasta California, no pasó de Oaxaca, ahí lo asaltaron en las vías del tren y le quitaron todo el dinero, lo detuvieron autoridades mexicanas y lo deportaron.
La segunda vez llegó a Pachuca, allí varios indocumentados estaban a punto de treparse al tren que los llevaría hasta San Luis Potosí, pero su amigo con quien se acompañaba, intentó treparse a la “bestia” cuando esta iba demasiado rápido, perdió el equilibrio y se cayó. El tren le cortó las dos piernas y lo dejó inconciente. Carlos no tuvo el corazón para dejarlo moribundo allí, pidieron ayuda y lo hospitalizaron, le dijeron que se iba a salvar pero que nunca más podría volver a caminar. Con esa información Carlos se fué satisfecho y deportado de nuevo a Honduras.
-Ésta sí es la buena- le dijo Carlos al Chiva y después dormitaron en el camión guajolotero, mismo que los llevó por autopista, carretera federal y terracería hasta el atardecer, cuando la carcacha ya no pudo seguir subiendo la pendiente de un cerro.
Todos los indocumentados bajaron de los camiones, El Roña se despidió de ellos, les dijo que hasta ahí los acompañaría y que les presentaba a su nuevo guía: El Topo.
El topo tenía dos asistentes, así que dividieron a la gente en tres grupos de doscientos cada uno y partieron caminando entre el monte para el mismo destino, imaginaron, pero por distinto rumbo.
Dice el Chiva que no llevaban ni media hora caminando cuando de entre las jaras, salieron varios sujetos vestidos de negro, los detuvieron y les dijeron que estaban ante un asalto.
Las mujeres debían sentarse en el piso y entregar todo lo que trajeran, los hombres debían dar un paso al frente y entregar todo el dinero también. Hubo quienes juraron no traer dinero, esos fueron desnudados para comprobar su versión. Los asaltantes revisaron dentro de las mochilas, enmedio de los sandwiches y tortas, entre la ropa interior de hombres y mujeres y entre las costuras de la ropa, sobre todo de los pantalones.
Ahi, en las costuras de los pontalones fue donde le encontraron a Carlos, el hondureño, los ocho mil pesos que le quedaban para concluir su viaje. Enfurecidos los maleantes, le propinaron una madriza salvaje, -por mentiroso y mañoso- le gritaban. Con esta demostración hubo unos que decidieron entregar su dinero y salvar su integridad física.
Cuando llegaron con El Chiva procedieron de la misma forma, lo encueraron, le revisaron por todos lados y no encontraron dinero, sólo doscientos pesos que llevaba de morralla en las bolsas. Él aseguró que no traía nada y lo perdonaron -Vístete y hazte para allá-.
El Chiva había engañado a los maleantes, su dinero estaba dentro del “frasquito” de una crema labial. Al llegar a Sonora, antes de llegar con el Roña, él decidió comprar una crema “Labello” cortar la barra de crema labial, meter los billetes en rollito y acomodar un poco de crema restante, esa acción le valió para conservar su dinero e integridad física durante este asalto.
Los asaltantes se llevaron su botin, y le desearon buena suerte en su “aventura” a todos los ahí asaltados, hubo quienes por las madrizas ya no pudieron seguir, entre ellos el hondureño Carlitos, y hubo otros que nomás por perder el dinero también abdicaron. El Grupo que siguió se redujo a ciento cincuenta personas, todas ellas espantadas y nerviosas, entre ellos El Chiva. Caminaron toda la noche entre el frío y la luz de la luna. Se detuvieron a las 4 de la mañana y buscaron donde dormir entre la maleza, ahí se durmieron y ahí, comprendío el Chiva la utilidad de la bolsa de plástico. Ésta sirvió para protegerse del sereno que cayó en la madrugada y que dejó empapada toda la superficie. Permanecieron y comieron algo ligero esa mañana, estuvieron sin hacer nada hasta las 5 de la tarde, cuando volvieron a caminar bajo las instrucciones de el Topo.



Chale, que feo ha de ser eso de irse de mojarra…
La verdad que muy interesante lo que publicas, ahora mi pregunta es la siguiente: a parte de la cuestión económica ¿qué otra cosa motiva a que cientos de personas tengan que sufrir de esa forma para entrar a los EE.UU?. Ojala el chiva, este disfrutando de los beneficios del primer mundo. Hasta pronto!!!.
Borondongo,
Dicen que es el infierno, sobretodo cuando eres centroamericano y quieres pasar por todo México, que ironías.
Cyrce,
Pues creo que es la cuestión económica y ya. En las siguientes partes de “El Costo del sueño americano” trataré de explicar varios de esos detalles.
Para la mayoria de los hombres adultos q’ son padres y para las Sras. q’ son madres solteras el mejorar su situacion economica los impulsa a llevar a cabe la travesia. Viajan con el deceo de construir su casita propia, de iniciar un negocio o simplemente de mantener a sus hijos con lo basico, como sucede comunmente, pues despues les es casi imposible hacer algo mas ambicioso pues en E.U. se encuentran con que hay q’ pagar renta, comida, gas, aseguranza mas otros gastos extras q’ son indispensables para cualquier imigrante q’ se mueve solo.
Losjovenes y mas chicos viajan para poder reunirse con familiares como sus padres o hermanos que tienen tiempo sin ver. Muchas veces los hijos se quedan al cuidado de abuelos q’ con el paso del tiempo mueren y al quedarse solos no tienen otra opcion q’ reunirse con sus padres u otros parientes de E.U.
Creo que es feo eso de abandonar tu pais por falta de oportunidades.Deberiamos de ser agresivos en nuestra nacion no para poner un negocio (estos fracasan poruqe la gente notiene dinero si cerca de ahi no hay una empresa) sino para ser empresas competitivas y conformarnos con salarios bajos como los chinos.Para mover un poco la economia. O de veras los que tienen un poco de dinero y conocimentos hacer una empresa.Contratar gentey generar empleos.