EL COSTO DEL SUEÑO AMERICANO (parte 3)

20 01 2008

Por: InFaMe 

El Topo organizó la comitiva de la siguiente manera:

Todos debían caminar en fila india, uno detrás del otro, nadie podía hacerlo al lado de otro, intentó ordenarles que debían ir en silencio, pero no lo logró, había muchos desmadrosos que se la pasaban gritando incoherencias y chistosadas. En ocasiones, cuando las bromas se volvían escandalosas el Topo les gritaba que guardaran silencio, porque podían ser escuchados por las autoridades que vigilaban esos rumbos. Este argumento ingenuo, huelga decirlo, resultó bastante chistoso para algunos, entre ellos el Chiva, -Si vamos más de ciento cincuenta cabrones caminando entre el monte, se escuchan las pisadas al unísono como si fueramos marchando, no creo que sólo por una carcajada nos vayan a cachar-.

Durante la caminata de esa noche, hubo un buen humor entre los caminantes, no hubo incidentes lamentables, volvieron a parar a las cinco de la mañana, con bastantes fatigados, quienes durmieron al tirarse en el suelo para alistarse a la caminata del siguiente día.

Al día siguiente, la orden fué caminar desde temprano, todavía no eran las dos de la tarde y el grupo ya estaba caminando, así lo hicieron durante muchas horas. Ahí comenzaron los problemas para varios. Y es que, por ser primerizos en el cálculo de víveres, varios se habían terminado lo que llevaron para alimentarse, sobre todo se habían quedado sin agua. Entre los mismos caminantes se comenzaron a regalar tragos de agua y uno que otro alimento. Una vez más volvieron a  caminar gran parte de la noche y llegaron al último descanso nocturno antes de pasar la frontera, ese día por cierto, no hubo buen humor entre el grupo. Mientras se alistaban  a dormir por última ocasión en tierras mexicanas, muchos notaron con horror que sus pies estaban repletos de llagas y úlceras causadas por el calor, el sudor de los zapatos y el roce de la caminata. Esta situación provocó que, a la mañana siguiente, hubiera otro grupo de desertores, quienes ya no puderon caminar.

El Chiva tenía ese problema, pero decidió callarse, también tenía rosadas las nalgas, por elló se quitó los calzones, intentó secarse con ellos y los abandonó, -Si no hacía eso, ya no hubiera podido caminar- contó.

La caminata del último día arranco a las 2 de la tarde, igual que un día antes, sólo que ahora hubo más problemas. Un joven llamado Jaime, deprimido y destrozado anímicamente, sin agua y sin alimento, estuvo tomando de su pequeña botella de ron durante la noche, dicen que se la terminó y lloró gran parte de la madrugada. Durante el día, con el esfuerzo físico y el calor, sufrió una deshidratación terrible que hizo que se desmayara y muriera. El impacto psicológico que sufrió el grupo fue considerable.

LLegaron como a las cinco de la tarde a una barranca, tuvieron que cruzarla como pudieron, las energías no les alcanzó a muchos y poco a poco se fueron quedando. En este lapso el Chiva se torció un tobillo y caminó con mucho dolor.

Casi oscurecía cuando llegaron a una autopista que atravezaba perpendicularmente su camino, tenía tres carriles en un sentido y otros tres en otro. Se detuvieron detras de unos montones de tierra y escucharon al Topo despedirse, su misión había terminado, sólo le quedaba darles una última instrucción.

Formarían grupos de tres personas, después sadrían corriendo de atras de unos montones de tierra, y llegarían a la autopista (Casi 100 metros de distancia), la atravesarían y seguirían corriendo hasta llegar a una reja de alambre, la cual brinacrían como pudieran y se esconderían atras de otros montones de tierra ahi los estaría esperando el Jimmy, su nuevo guía.

Empezaron los tríos a correr. Hasta que se viera que los tres de adelante habían librado la reja salían los otros tres, este suceso duró horas, porque ahí mismo llegaron las otras dos comitivas y se volvieron a juntar, sumando un total de quinientas personas más o menos, es decir que al rededor de cien se quedaron en el camino, unos fracturados, con torceduras, otros deshidratados y asaltados, otros más simplemente muertos. 

Cuando le toco al Chiva su turno, el dolor del tobillo torcido era intensísimo, el hueso se había enfriado mientras esperaba su turno y el dolor parecía ganarle la batalla. Volvió a quedarse callado y sin queja alguna espero la señal del Topo y salió corriendo a toda la velocidad que pudo junto a sus compañeros.

Dice que notó que los otros dos corrieron más rápido, que mientras más se acercaba a la autopista escuchaba que venían algunos carros, que el dolor de su tobillo lo quería hacer gritar, que escucho el quemado de unas llantas y miró como uno de sus acompañantes fue embestido a media autopista, que pasó sin ver el cuerpo del agonizante, que recordó la anécdota del hondureño Carlos y no quiso quedarse a ayudar al otro, había sido mucho el esfuerzo como para no lograrlo en la recta final. Llegó sólo a la reja, la brincó como pudo, se enterró algunas puas del alambre de la misma y se hizo una heridas, pero llegó hasta el otro monton de tierra, más nervioso que nunca.

El Topo y sus ayudantes detuvieron por un rato los brincos, tuvieron miedo de que el chofer del coche atropellante llamara a la ambulancia y los encontraran a todos. pero eso no sucedió, el auto huyó y el cuerpo del atropellado quedo a un lado de la carretera tapado por la maleza. El Topo entró con otro ayudante, taparon más el cuerpo, esperaron un rato, y siguieron mandando grupos de tres a pasar la autopista y brincar la reja a toda velocidad hasta que pasó el último.

Cuando todos estuvieron del otro lado pensaron que habían acabado con su martirio. Vana Ilusión.

El Jimmy les dijo que formaran grupos de cuarenta personas, que esperaran la llegada de unos vehiculos y que a su orden se subieran a ellos y se acomodaran en el piso.

Después de una hora llegó el primer vehículo, era una vagoneta, ahi se subieron los primeros cuarenta y se fueron. Asi sucedió sucesivamente hasta que llegó el turno del Chiva y su grupo, también se subieron a una vagoneta, acomodó cada quien su trasero en el piso de lámina y encogió los pies para que se sentara el de adelante y se recargara en las rodillas del vecino de atrás. Asi viajaron toda la noche y parte del día siguiente, las nalgas se les cosieron a todos y las piernas les quedaron a nada de la insensibilidad. Muchos cuando bajaron del viaje, tuvieron problemas para caminar durante un tiempo. El chiva y otros se quejaron entre si del martirio de soportar el lomo del de adelante, lo que no les permitió dormir, el calor  de adentro de la camioneta lo consideraron insportable -Qué mala suerte tuvimos- se dijeron.

 Lo que no sabían es que a otros grupos les toco viajar en la cabina de descanso de varios trailers, allí donde hay dormitorios para los choferes. Así viajaron el mismo tiempo que los de las vagonetas, en las cabinas los aventaron a todos, apilados unos encima de otros, al final del viaje los de encima se quejaron del calor y la incomodidad, los de enmedio sufrieron ataques de claustrofobia y los de abajo, en algunos casos salieron llorando de pánico por la falta de oxígeno, la oscuridad y el calor, en otros casos murieron asfixiados.

Cuando terminó el viaje, volvieron a entrar a una casa sin muebles, ahi el Jimmy les preguntó su destino. Todos se separaron según su rumbo fijado y viajaron en diferentes condiciones, no se sabe si algunos otros murieron de ahí en adelante. El Chiva viajo en otra vagoneta muchas horas más, solo que ahí sí pudo recostarse un poco y durmió todo el tiempo, cuando llegó a su destino, Dinuba California, buscó a un familiar que ya lo esperaba, el cual lo recibió con gusto y le pagó al “coyote”. El Chiva estuvo un día con su familiar, descansó y comió bien, se curó el pie y se bañó.

Un día después, viernes ya, salío en autobús hasta Carolina del Norte donde su primo Rogelio lo esperaba, llegó con bien, se abrazó con su primo y descansó todo el domingo, un día despues empezó a buscar trabajo, sólo que tardó en encontrarlo. Ese empezó a ser otro gran problema.

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