EL CINISMO DE LOS VENDEDORES DE MERCANCÍA ROBADA

6 03 2008

Pinchi rataPor: InFaMe 

Al momento de redactar este post no he decidido como sentirme despues de lo vivido ayer.

La historia es breve y comienza mientras yo, como casi todos los días, viajaba hacia algún punto de la ciudad a bordo de uno de los autobuses del transporte público de la ciudad de México.

Decidí leer el periódico mientras me transportaba, en esas estaba cuando mi atención fue tóscamente distraida por dos tipos que subieron al autobús rápidamente. Uno de ellos larguirucho, con el cabello largo, cola de caballo, camisa guanga, pantalones cholos, mochila sucia y vieja en la espalda, uñas pintadas de negro y una cajita de carton en las manos.

El otro, su acompañante, flaco chaparro y prieto, vestía de negro, zapatos de casquillo, playera negra de algún grupo de rock desconocido, varios colguijes en el pescuezo, pelo despeinado, uñas pintadas de negro, sonrisa nerviosa y, como su colega, con una cajita de cartón en las manos.

El primero se fue hasta el fondo del camión y lanzó el siguiente discurso:

“Buenas tardes pasajeros, nostros estamos haciendo un (pausa)… (carcajada dirigida a su compañero) “un servicio, llamémosle… social. El día de hoy venimos a venderles unos chocolates robados”. (nueva carcajada) -debo confesar que esa estrategia atrajo por completo la atención de todos los pasajeros-. “Pero no vayan a creer que nosotros los robamos -dijo para tranquilizarnos a los allí presentes-, simplemente se los compramos al Barbas, el Barbas es un ruco (sic) panzón que vive en Ciudad Neza y que se dedica junto a sus secuaces a asaltar trailers en las entradas de la ciudad. Les ponen unos madrazos a los choferes y se roban la mercancía. El Barbas le cayó hoy a un trailer con mercancía de la marca Nikolo, hace rato me vendió treinta cajas de estas (ahí alzaron ambos las manos para enseñarnos las cajitas de cartón repletas de chocolates) a un precio de ganga. Son ademas productos nuevos, chocolates blancos con galletas, son finos y estan bien sabrosos porque mi compa y yo, ya nos comimos unos. Hoy se los vamos a dejar a dos chocolates por cinco pesos…¡anímense!”.

 Después pronunció el cierre de su discurso, para terminar de persuadir al pasaje como sigue:

“No se sientan mal por comprar esta mercancía, tómenlo como robarle a los ricos, para darle a los pobres y llevarnos una pequeña ganancia”.

No entiendo bajo que razonamiento la perrada les compró bastantes chocolates. Varias mamás que iban a bordo sacaron dinero, se los dieron a sus chamaquitos y estos últimos les compraron a los “vendedores” los mentados dos chocolates por cinco pesos.

Los sujetos vendieron todos los chocolates de sus respectivas cajas, tiráronlas ya vacías en el bote de basura y se bajaron lanzándose sonrisas de complicidad entre ellos. Mientras tanto, algunos pasajeros se quedaron mordisqueando sus tabletas robadas muy contentos.

Para ese entonces yo estaba en mi máximo grado de sorpesa, es decir, por lo menos a mi me pareció asombroso el suceso por varias cosas.

1.- Es verdad que todos los que compramos algún producto a un vendedor ambulante o informal, corremos el riesgo adquirir mercancía de dudosa procedencia, es decir, posiblemente robada. Pero una cosa es que nosotros tengamos la sospecha y otra muy diferente es que nos animen a comprar dicendonos que, efectivamente, hece unas horas fue robado, incluso, con lujo de violencia. Me parece de un cinismo avergonzante.

2.- Supongamos que dentro de sus irrespondables cerebros, los tipos vendedores justifiquen su estrategia de venta con simple ignorancia sobre la gravedad de sus actos. Bueno allá ellos. Pero los pasajeros que compraron, bajo que argumento decidieron hacerlo. ¿Por aprovechar la oferta simplemente?, que bajo. ¿Por no provocar que estos sujetos se volvieran asaltantes violentos tras no poder vender sus chocolates? Que bobo. ¿Por creer que los vendechocolates hacian un bien al emular burdamente a Robin Hood? Que ingenuos.

3.- Analicemos la parte del discurso final, esa que nos intenta decir que, esta acción conjunta entre vendedores y compradores arriba de ese camión, era “robarle a los ricos para dárselo a los pobres con su respectiva ganancia para los vendedores”. Míra tú. En primer lugar los que asaltaron el trailer, le pusieron los madrazos al chofer, individuo que seguramente no es ningún rico, porque si lo fuera, no anduviera acabandose los riñones sentado tras el volante. Definitivamente este chofer hubo que poner al tanto a sus jefes, los cuales le debieron haber aplicado una solemne cagotiza y en una de esas hasta corrido o en el tambo terminaba. La mercancía pudo haber estado asegurada y los posibles ricos, los dueños de la empresa, no debieron haber resentido la pérdida. La chinga, en conclusión, se la llevó el chofer completamente, mismo que, como ya dijimos, no es nungún ricachón, .

Decía pues que no sé como sentirme, agradecido por tener entre nosotros “fayuqueros” sinceros que nos dicen la verdad desfachatadamente, o preocupado porque el cinismo de los asaltantes es cada vez más notorio. Chale, que horror, ¿Apoco no?.