
Por: InFaMe
Desde mi punto de vista, no existe en la actualidad peor oficio que el de ser policia, guardian de la justicia, señor autoridad, su señoría, oficial; o ya más tropicalizado, Poli.
Sobre todo porque, desgraciadamente, la imagen de policía en este país, está terriblemente desgastada, he de decir, con toda razón, por hechos de corrupción a cargo de elementos, a lo largo de nuestra miserable vida nacional.
Esta situación, huelga decir, resulta poco justa para algunos de los policías que en verdad se han esmerado por convertirse en la excepción que confirma la regla. Principalmente aquellos que, por distintos merecimientos, han sido galardonados con premios como “El Policía del año” o han destacado entre el montón.
Me refiero, partícularmente a dos casos:
1.- Alejando Gamiño Tejeda.
Oficial, hasta esta semana, ejemplar, orgullo inobjetable del propio cuerpo de policía de la Secretaría de Seguridad Pública, mismo que, como dije anteriormente, le otorgó a Gamiño dos veces el reconocimiento como “Policía del año” en fechas anteriores, pero fue destituido hace dos días.
El problema del comandantito fue que, para su mala fortuna, resultó seleccionado para participar en el mentado operativo de seguridad en el antrito de medio pelo llamado New’s Divine, suceso en el que resultaron fallecidas doce personas, entre adolescentes borrachos, barrigones sargentos y otros más.
2.- Joél Ortega.
El Secretario de Seguridad Pública del D.F. ha sido, desde tiempos inmemorables, el mejor lider que haya tenido en su memoria el “honorable” cuerpo de policias de la capirucha, por lo menos el menos malo, dicen los viejos de los barrios populares. Ortega ha realizado con razonable éxito, expropiaciones de predios utilizados para delinquir, operativos policiales en barrios no poco bravos como Tepito, Iztapalapa, Morelos y otras finísimas colonias.
El problema del Secretario fue no prevenir a sus subordinados, de que el antrito donde harían un operativo de rútina, contaba con varias quejas por disturbios, albergaba en cada tardeada a no menos de 500 sudorosos y destrampados jovenes y resultaba por lo mismo sitio propicio para la venta de sustancias prohibidas.
Bueno, digamos que esos datos fueron considerados por los policías. El punto más agudo del caso es que, si la orden era detener a cuanto borracho, pleitero o menor de edad se encontraran en el camino, dos camiones con capacidad para 59 personas sentadas no les iban a alcanzar para meter a los más de 300 detenidos que, naturalmente iban a encontrarse esa tarde.
Con las cuentas descuadradas, el caos a su máxima expresión, y los instintos de los lascivos policías desatados, el reultado de detener en el interior del antro a los desesperados j{ovenes mientras se traían más camiones, fueron 12 muertos, jovencitas insultadas, desnudadas, manoseadas y una lista gigante de violaciones a los derechos de los ciudadanos allí presentes.
La conclusión es, en definitiva, que dentro de las listas de despedidos por este execrable hecho están varios policías culpables, salvajes y grotescos. Pero tambien lo están, como es el caso de Gamiño Tejada, quienes posiblemente cumplían con su deber de la mejor manera posible, pero fueron rebasados por la bola de sus incompetentes compañeros, o Joel Ortega, tambaleando en la cuerda floja, quien por más que lo intente no puede estar en todos lados para revisar si algun nuevo policia auxiliar anda arrancando calzones de jovencitas por doquier.
La imagen de los policías vuelve a devaluarse por culpa de algunos elementos, y las esperanzas de que, de una vez por todas, los policías sean entes respetados y respetables son, por desgracia, prácticamente inexistentes.





Por: =)))Doko(((=


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